3.2.12

El establo y la caca de vaca

Descubrí que me gusta el olor a ganado. La caca de vaca, el heno. Siempre supe los recuerdos que me hacía evocar, pero no me había dado cuenta de que disfruto cuando siento su aroma. No es que me guste de verdad el olor, como el del pan en el horno o el de un buen perfume. Lo que me gusta de él es precisamente el recuerdo que me trae.
Cuando éramos chicas íbamos al establo a comprar leche. Yo nunca la tomé, porque era alérgica a la leche fresca (es más, la primera vez que volví a tomarla fue como a los 24 años), pero la experiencia de ir al establo era única. Ver a las vacas, saber que la leche que venía en ese balde acababa de estar dentro de una de ellas, los olores... No recuerdo bien cómo era el establo, pero tengo grabada la sensación de estar ahí. 
Después de un tiempo, el establo cerró e íbamos a otro lugar, a donde llevaban la misma leche de las vacas, pero ellas ya no estaban ahí. Igual íbamos con nuestro balde de seis litros a comprar la leche que luego mi mamá hervía para matar las bacterias. Era casi una ceremonia ir al establo. Si no era en grupo, no tenía gracia. Íbamos todas, mamá, papá y tres hijas enanas con balde en mano. 
Fui a unas comunidades en Huancavelica hace poco y el olor a ganado venía a mí cada cierto rato. Y con él, el recuerdo del establo, de la leche burbujeando y de la caca de vaca.

26.1.12

El cajón del abuelo

Mi abuelo tenía un cajón con carritos. Siempre jugábamos a las carreras y nos imaginábamos manejando esos autos -que no necesariamente eran último modelo. Mis preferidos eran a los que se les abrían las puertas y los que corrían solos (esos que al retroceder toman viada). Era el último cajón de su cómoda. ¿Papapa, puedo jugar con los carritos? Cuando tenía cinco años me mudé a vivir con mis abuelos, así que tenía los carritos todos los días. Un día llegó una flota de carcochitas INCREÍBLE.
Ese cajón tenía un olor especial. Era reconfortante sentirlo. Además de los carros, había un Godzilla. Era el rey. Destrozaba los carros, era bueno, era malo, carnívoro, vegetariano, lo que quisiéramos.

Este es el más parecido que encontré.
Hoy me acordé de Godzilla y del cajón de carritos. Y del olor.
La tía Ñaña (hermana de mi abuelo) tenía en su casa una caja con un montón de juguetes originales y obligados. Los cachivaches, se llamaban. Había tacitas de té, muñecos, platos, comida, y tapas de perfumes, sombras de ojos vacías, envases plásticos y qué sé yo. Cuando íbamos a su casa, subíamos y bajábamos la caja arrastrándola. Estaba varias veces rota y parchada. Era de las cosas más divertidas también. Me acuerdo del olor y del sonido de la casa de la tía Ñaña. Los pisos de madera crujían debajo de la alfombra, la terraza techada con calamina, el piso de rectángulos de colores, las placas de trenes antiguos colgadas en la pared, los chopps de tío Ivor, los bonsáis de tía Ñaña. Los mixtos, la leche Anchor con Milo, Nati, el pie de manzana, las sopas, la vecina con la que nos peleábamos en grupo desde el jardín.

Los olores tienen en mi vida bastante importancia. Me acuerdo de olores de hace años, me identifico con ellos, no los dejo ir. Y me reconforta oler aromas pasados, me transportan. Soy feliz.

:)

6.1.12

Improvisation for the theatre

No estoy sentada en el water.
Los españoles le llaman váter, ¿no? A mí me sorprende la manera que tienen los españoles de llamarlo todo en español. Ordenador, deuvedé, móvil, váter... El resto de hispanoamericanos no nos complicamos y seguimos la corriente anglo, ¿no? ¿Y tú qué opinas? ¿Está bien, está mal? A mí la verdad me tiene sin cuidado, pero la otra verdad es que me crispa escuchar hablar a peruanos que viven en Perú hablando como argentinos o españoles, usando su jerga. Es lo que más se da, ¿no? Mirar a Argentina o a España. CHORRADAS. (¿Entiendes lo que acabo de hacer?)
Me pasa bastante que la gente no entiende mis chistes y se molesta con lo que digo. Y me reclaman, así. Entonces yo tengo que explicar, que estaba bromeando, que no quise ser chinche contigo, JODER. Otras veces me pasa que no entienden mi chiste y no se molestan, simplemente no se ríen. Entonces tengo que explicar que era un chiste y tengo que hacer la conexión para que puedan reirse conmigo. CAPULLOS.
La abuela está recontra vieja. El doctor dice que su nuevo cerebro es producto de la vejez, que no tiene Alzheimer ni nada, pero con los años se le han ido reventando algunas venas ¿? del cerebro y eso hace que ahora no se acuerde de nuestros nombres, que se olvide lo que hizo hace diez minutos, etcétera. Acabo de borrar todo lo que había escrito sobre lo que hace mi abuela todos los días entre las 6:55 y las 7:05 pm. Pero bueno, ¿viven con sus abuelas(os)? ¿Tienen ancianos cerca? Mi abuela tiene como 88 años y a veces piensa que le robamos. Gajes del oficio. Solo ruego que no se le ocurra buscar el prendedor que me regaló hace unos meses y perdí al día siguiente, porque si no puedo darle la evidencia, no me creerá jamás.
Ya me aburrí, perdón, lector, si es que aún existes, por no escribir nada últimamente. Nada y nada de calidad. Perdón. 
Ya llegará la inspiración a mí, y las ideas, es que no tengo ideas! 
Chau.

30.11.11

No soy una experta, pero...

No estoy a favor ni en contra de la minería. Creo que estar en contra de la minería en serio tendría que suponer dejar casi todas las cosas a las que estamos acostumbrados porque, de alguna u otra manera, implican a la minería en su cadena productiva. Si estás realmente en contra de la minería, probablemente vas a tener que irte a vivir lejos, tal vez con alguna comunidad indígena no contactada, y no vivir de la minería en absoluto. Y no hablo solo de la parte directa y netamente económica (no me voy a meter en eso, no cabe duda que, hablando en términos económicos la minería aporta brutalmente a la caja) sino en general: la minería tiene o tuvo que ver con todo o casi todo lo que tenemos.
Yo no estoy a favor ni en contra de la minería, pero estoy total y absolutamente en contra de la violencia, de la prepotencia, del "qué me importa". Estoy en contra del que cree que tiene toda la libertad para hacer algo y que nadie debe o nadie debería oponerse. Estoy en contra del que piensa que sus acciones no tienen ninguna repercusión en su entorno ni hoy, ni mañana ni de acá a cien años. Y estoy en contra de que se tenga que llegar a la violencia para probar un punto o para ser escuchado.
Pero sobre todo estoy en contra de que alguien pueda siquiera pensar que sabe lo que el otro quiere y necesita. Me opongo totalmente a que venga un "grande" y diga que puede reemplazar dos lagunas (por chicas que sean) por no sé cuántos reservorios de no sé cuánta capacidad. No soy la gran ecóloga, geóloga, minera ni nada por el estilo, pero asumo que la flora y fauna que supone una laguna no puede ser reemplazada ni con mil reservorios infinitos. Digo, no más.
Me opongo a la minería en esos términos. A la formal que amedrenta y a la informal que contamina miles de veces más en su extracción diaria (no en "accidentes"). Pero también me opongo a la persona que bota su basura a la calle, o a la que quema su basura. Me opongo también al idiota que no arregla su carro, que hace meses está botando humo negro por el tubo de escape. Me opongo a la gente que usa bolsas plásticas, que se compra botellas de agua en vez de reusar las que ya tiene, que vive en un consumismo ridículo e irracional sin pensar en su impacto.
Alguna vez escuché que un niño estadounidense a los dos o tres años de vida ya contaminó lo mismo que una persona de algún país pobre de África. Parafraseo y tal vez exagero, pero decía los pañales que usa un niño de un país desarrollado ya significan una cantidad gigante de basura, y eso es en un año de vida, un niño pequeño que todavía no compra, usa y bota.
Al final, todos somos una mierda. Todos la estamos cagando. Si queremos estar en contra de la minería, perfecto, estemos, pero seamos coherentes. Si nos llena de cólera que una empresa grande y tal vez con más poder que el mismo Presidente haga lo que le da la gana con nuestro país (ecológica y socialmente hablando), no caigamos en lo mismo: respetemos también, respetemos a nuestra tierra, que ya bastante golpeadita está.
Y tú, amigo, amiga que no crees en Dios pero le pides a Papá Noel que este año encuentren yacimientos mineros en Miraflores, San Isidro y demás distritos "pitucoides" de Lima, ponte una mano al pecho y dime: ¿cuántas veces en tu vida has jugado carnavales?

No soy una experta. Yo solo digo.

28.11.11

La radio de cuando éramos chicas

Cuando éramos chicas, nos pasábamos horas escuchando radio. Me acuerdo perfecto de la emoción que sentíamos cuando venía una canción nueva, esperando que fuera esa que queríamos escuchar desde la mañana. Y cuando llegaba... ¿te acuerdas qué feliz te ponías?

Hoy salí de mi casa como a las 6:45 de la mañana. Ya estaba todo claro, pero hacía un poco de frío. Prendí el Ipod y, la primera canción que sonó fue esta. Debo decir que el Punk in drublic es uno de mis discos preferidos de todos los tiempos y de todos los géneros musicales (escucho música bien variada). A esta canción le siguieron varias de esas "perfectas". Se notaba que iba a salir el sol y parecía que el Ipod también se hubiera dado cuenta de eso, porque me puso canciones recontra soleadas. Lo amé. Dos veces tuve que esconder mi cabeza entre las manos para llorar un poquito de emoción (¿entiendes? sonreí mucho, casi con lágrimas, roche en público, esconder manos). Después creo que me quedé dormida o algo por el estilo.

En la tarde Chicho y yo fuimos a comprar las entradas para Calle 13. Han venido un montón de veces y es la primera que voy a poder ir a su concierto. No me había dado cuenta de que era este sábado, pensé que faltaba más para diciembre. La cuestión es que yo estaba muy contenta y me puse más contenta aún cuando me enteré de que ya se acabaron. No es que me haya puesto contenta por la desgracia ajena, sino que me puso feliz saber que no esperé más para comprarla, porque me hubiera quedado sin nada y eso hubiera sido trágico.

Regresando del cine con Chicho (vimos una peli que se llama The Resident, o algo así, no pasa nada), y no sé por qué se me antojó escuchar Last Friday Night, de Katy Perry (no, en verdad sí sé por qué, me encanta) y pensé que en Planeta la estarían pasando, pero no. En lugar de eso escuché una canción para la cual ni me molestaré en hacer el vínculo porque no me gusta: Umbrella (¿o "Under my umbrella"? no sé). Qué decepción. Fue ahí cuando me acordé de cuando éramos chicas y esperábamos la canción que queríamos en la radio o en Uranio 15, porque no había Internet. Y siempre la pasaban. Y, si no la pasaban, qué pena, pues. Mañana. Me acordé de esa sensación de incertidumbre entre canción y canción, o de esa emoción al escuchar los primeros acordes del tema que querías oír. Cambié la canción de Rihanna e hice tiempo hasta que terminara. Cuando volví a cambiar, justo había acabado y escuché la voz de un locutor diciendo que en la página web de la radio tenían todas las canciones de Katy Perry. Empecé a gritar (un poco, sí) porque sabía que tenía que venir mi canción. Y... plin plin plin ES! ¿O no es? PERO TIENE QUE SER UNA DE ELLA. Y sí, al final me tuve que contentar con Fireworks, que no era la que esperaba pero se acercó. Igual pude acordarme de esa mezcla de sensaciones de cuando éramos chicas.

2.10.11

Chica era cuando no era grande

Por estos tiempos anda de moda escribir sobre cómo acabar con la delincuencia, al igual que hace unos meses el discurso de moda era el de no-racismo (a propósito de la violencia escrita desatada en las redes sociales debido al triunfo de Ollanta).
Y, como mis manos están muy frías y se están cuarteando otra vez, solo viene a mi cabeza algo que nada tiene que ver con las manos frías ni secas (aunque también me acuerdo de algún viaje a Cusco, en el que me salieron heridas en la cara por la sequedad apenas aterrizó el avión). Hoy he vuelto a pensar en cuando era chica (no, no soy indiferente ante el caso Walter Oyarce, lo conocí en el cole y su muerte me ha chocado bastante) y en los miedos que tenía y en las cosas que pensaba.
Cuando era chica, no sabía lo que era "lavado de dinero" y pensaba que era, literalmente, lavar los billetes. No entendía bien por qué rayos una persona lavaría sus billetes y menos por qué sería un delito. Un día metí a lavar un pantalón con un billete de diez soles y, cuando me di cuenta casi me muero. Me acuerdo que iba a ir al D'onofrio de Aurora a comprar un cono de dos bolas de chocolate con lúcuma (lo que siempre tomaba) y me daba miedo pagar con mi billete "lavado", porque pensaba que me iban a meter presa por lavado de dinero.
Sí. Y también (cuando era más chica) pensaba que cuando dos personas se casaban, iban al mercado, compraban semillas según la cantidad de hijos que querían tener y, después de un tiempo, iban naciendo sus hijos.
Así es.

30.8.11

Un millón de veces más

Cuando era chica manejaba un carro automático, con un timón en forma de tapa de balde. Fumaba cigarros marca Crayola y vivía en un departamento en segundo piso y con terraza. Era universitaria y tenía muchas amigas.
Cuando era chica tenía un hijo pelirrojo que siempre usaba un enterizo marrón. Si se enfermaba venía la doctora a atenderlo, yo siempre me preocupaba por su salud.
Cuando era chica, era espía de alto nivel. Sabía cómo chuponear teléfonos y observar a la gente sin que me vieran.
Cuando era chica era cajera de un banco, dueña de una nave espacial, titiritera y Doctora Frankenstein.
Cuando era chica, no jugaba a ser Dios: era Dios. Creaba y destruía ciudades a mi antojo. Daba la vida y la muerte cuando quería. Creaba y separaba parejas siguiendo caprichos que no entendía.
Cuando era chica era todo, era yo.