22.12.06

Esas cosas que siempre se me ocurrieron cuando andaba aburrida en mi casa o cuando veía a alguien haciéndolas...

Hay algunos oficios que no podría hacer. Nunca. Jamás. No es que me parezcan deleznables, ni mucho menos. Lo que pasa es que simplemente no van conmigo, y punto.
No sería animadora de shows infantiles. No podría. Yo soy de esas personas que cree que a los niños no hay que hablarles como tontos, entonces mis espectáculos serían, tal vez, muy aburridos, ya que serían algo así como una conversación con una persona de 20 años o más. Y he llegado a la conclusión que los niños se asustan con mi presencia, así que sería un total fiasco.
Pedicurista o Podóloga. Odio los pies. Su sola presencia me pone nerviosa. Tal vez con medias puedo soportarlos, pero sin ellas... No. No se me ocurre, me la pasaría vomitando encima de mis clientes, y no creo que a nadie le guste sentir vómito en sus pies. Eso debe ser realmente desagradable.
Policía de Tránsito. Si en una discoteca muero por el humo del cigarro, me imagino muerta a la mitad de la jornada en medio de la Javier Prado. O tal vez iría con un tanque de oxígeno, pero sería algo disfuncional, sería pesado e incómodo.
No podría ser chofer de combi. Todavía no desarrollo mi lado agresivo y perdería a todos los pasajeros potenciales por no saber hacer carreritas, ni cerrar al del costado, ni nada de esas cosas. Y entonces, no tendría cobrador porque, ¿quién querría trabajar en un bus que siempre anda vacío? No es rentable...
Dentista. Estar cerca de tantas bocas... alientos pestíferos, dientes verdes. Desagradable. Lo siento, soy asquienta.
Gracias por su gentil atención.