21.4.11

Aprendizaje (lo que la segunda vuelta me dejó en 10 puntos)

Si bien algunas cosas ya las sabía, no pensaba que fuera tan fuerte. Entonces, puedo decir que he aprendido lo siguiente:
1. Que en mi país hay más odio, resentimiento y discriminación de la que pensé. O más fuerte de lo que me imaginé.
2. Que la gente juzga sin escuchar razones, porque nos creemos dueños de la verdad.
3. Que puedes perder a un amigo así de fácil por no coincidir en ideas "políticas".
4. Que tengo que cuidarme mucho de lo que digo, por más de que lo haga con total respeto a otras ideologías.
5. Que la gente escucha lo que quiere escuchar, no importa cuán claro esté le mensaje. Si quiere tergiversarlo, lo hará.
6. Que la idea de democracia para los peruanos es que se haga lo que uno quiere.
7. Que creemos muy fácil a gente que nos miente descaradamente.
8. Que la gente se cambia de "color preferido" con mucha facilidad, y que lo defiende como si siempre hubiera sido ese su predilecto.
9. Que nos es fácil llamar al otro "ignorante" por no concordar con nosotros, pero que nos es casi imposible ver nuestros propios defectos.
10. Que al Perú le gusta mucho más hablar (o gritar) que escuchar.

17.4.11

Cuando éramos chicas II

Cuando éramos chicas, vivíamos con el constante temor de que estallara la tercera guerra mundial. Si veíamos un avión, nos escondíamos pensando que nos iba a caer una bomba nuclear. ¿Qué es una bomba nuclear? No sabíamos respondernos. Quién sería Bush, dónde estaría Rusia, qué estaría pasando fuera del Perú no sabíamos. Solo sabíamos que podía estallar la tercera guerra mundial: la tan temida guerra nuclear. Eso pasaba en Valle hermoso a finales de los ochenta o principios de los noventa.

En el nido, en cambio, pesaba algo totalmente diferente. Ahí no existía la guerra, solo existía la paz. Y en esos aviones no habían amenazas de bombas atómicas; ahí viajaba Papá Noel (¿?). Y cuando escuchábamos a un avión, en lugar de correr a escondernos, salíamos al patio y gritábamos ¡Papá Noel! ¡Papá Noel! Esperando que nos escuchara y se acordara de nosotros.

En mi cabeza sucedía algo más. Ni guerra ni paz. O tal vez un poco de ambas: mi papá. Cuando era chica tenía la certeza de que mi papá era piloto de aviones (es que podía decir el modelo del que pasaba con solo escuchar su motor) y que era nieta de Miguel Grau (era el héroe de mi papá, siempre hablaba de él). La cuestión es que yo en verdad creía que mi papá era piloto y, en lugar de saludar a Papá Noel, yo, bajito y casi para mí misma, decía "mi papá..."

10.4.11

sin título

Y llegó el momento de la verdad. El momento que toledistas, ppkausas, castañedistas y todos los que tenemos ideales democráticos más temíamos: Ollanta y Keiko para segunda vuelta. No soy analista política, no me sé la vida y obra de ninguno de los candidatos, pero creo que mis años en la pucp estudiando Comunicación para el desarrollo y mi poco más de un año trabajando en lo que trabajo me dan un poquito de autoridad para hablar hoy. Y si eso no me la da, no me importa, en este país todavía hay libertad de expresión y yo puedo hablar de lo que me dé la gana siempre y cuando no me meta con nadie y no calumnie a nadie. Y no pretendo hacer eso ahora, así que hablaré.
No es momento de buscar culpables. No es momento de culparme a mí porque voté por Toledo ni a toda mi familia porque votó por PPK. Incluso, no es momento de culpar a Kuczynski y a Toledo por no aliarse para derrotar a Humala. No es momento de echar la culpa ni de llenarnos la cabeza con los problemas que probablemente se vengan en avalanchas pero que todavía no llegan. Es momento de preocuparnos, de unirnos y de reflexionar ¿qué pasa con el Perú? Y la pregunta no va en el sentido de "¿QUÉ MIERDA PASA CON LOS PERUANOS IGNORANTES INDÍGENAS?" La pregunta no va en el sentido de ofender. La pregunta va en el sentido de que el Perú está sufriendo una crisis gravísima y hoy ha hablado.
Porque, a pesar de que no lo veamos o no lo queramos ver, el Perú no es Lima. El Perú no es Lima y Lima no es las calles con tráfico y basura que vemos todos los días en nuestra ruta, pero al menos con un poquito de progreso a pesar de los niños pidiendo plata en las esquinas. Lima, para empezar, es una ciudad que ha dejado de ser centro y es mucho más periferia. Lima es pobre. No en comparación del resto del país, pero lo es. Lima periférica es Lima excluida. Y qué decir de provincias. Y no estoy hablando de Cusco, Arequipa o Ayacucho a donde voy a ir por Semana Santa, de la parte que vemos y que es "linda". Estoy hablando de la periferia de esa periferia. Hablo de esas personas, esos nuevos electores que, cuando fueron al colegio (si es que fueron, si es que terminaron la secundaria) tenían que caminar horas para llegar a su aula, un aula multigrado, donde el maestro ni siquiera les enseñaba en su lengua materna. Hablo de esa mamá que, cuando va a la posta a atenderse (porque por fin aceptó que allá la van a atender "bien") no recibe ningún tipo de atención médica porque la enfermera no habla su idioma y no puede entender lo que necesita. Hablo del campesino que hoy trabaja una tierra mucho menos fértil porque vino una minera extranjera y contaminó tanto, que el agua con la que antes regaba, ahora mata. Hablo también del limeño que cree que porque vives en miraflores, eres pituco, tienes plata. Hablo de la gente que nunca tuvo una oportunidad y no sabe lo que es tener una y también hablo del resentido, que es resentido porque tal vez tampoco tuvo una oportunidad.
El Perú en sus 190 años de República ha sido siempre un país lleno de discriminación. El "desarrollo" se vivió siempre primero en Lima metropolitana y nada o casi nada en provincias. En el 2006 el pueblo, la mayor parte del país habló. Buscaba un cambio. Y veían en Humala un cambio, una promesa. En el 2006 tuvimos un mensaje importantísimo de nuestro país, del que somos parte y al que no podemos darle la espalda. Al final ganó el APRA, ganó la opción democrática y pasamos cinco años felices "de la que nos libramos". Pero nada más. Ignoramos ese grito que dio el país. Lo ignoramos porque ojos que no ven corazón que no siente. Y nuestros ojos jamás vieron, porque vivimos cinco años de tranquilidad y estabilidad. Nosotros. Pero no la periferia. Ellos siguieron siendo pobres, siguieron sin tener oportunidades. Y hoy volvieron a gritar. Y lo hicieron mucho más fuerte.
Este resultado no se trata de la ignorancia como un insulto. Se trata de la ignorancia como una condición, una condición del 100% de electores. Todos ignoramos algo. Todos ignoramos otras realidades. Los de abajo ignoran las consecuencias de un co-gobierno chavista y los de arriba ignoramos las necesidades de los de abajo y sus razones para escoger a Humala y a Keiko. Ignoramos cómo una persona puede decidir su voto por recibir una bolsa de arroz. Todos somos ignorantes. Pero ellos, ellos son ignorados*. Y los que no votaron por Ollanta, ahora probablemente voten por Keiko, por la dictadura de derecha en vez de por la de izquierda. Y volverán a ignorar al 30% que gritó*.
Ahora muchos dicen que se van del país, que qué miedo. Eso, sin ánimo de ofender, es de cobardes. Cuando votaban por su candidato lo hacían porque confiaban en él para gobernar el Perú, su país. Ahora que estamos entre bañarnos en caca o en vómito, entre el sida o el cáncer, ¿este ya no es su país? Hay que ponernos un par de huevos y, si queremos a este país, trabajar y luchar por él. Y si nos llega al cuete, hacer mutis y mea culpa, porque nunca debieron haber votado y nunca debieron haber hablado.
Esto que pasó hoy no es culpa de nadie. No es mi culpa, no es culpa de mi mamá ni es tu culpa. Hoy no está hecho para cortar cabezas, para gritar, para señalar. Hoy existió porque el PERÚ, el país completo, no Lima, no tu círculo, no tus amigos de Facebook, habló. El país, todo el país. Y después de ese grito, que fue a todo pulmón y con un mega amplificador, es nuestro deber buscar una solución. Si no estás de acuerdo con ninguna de las dos opciones, no digas "me voy del país". Porque tú votaste por PPK porque amas al Perú, porque creías que era la mejor opción para tu país. Lo mismo si votaste por Toledo, Castañeda, Ñique o Reymer. Si quieres al Perú, a este país tan diverso en recursos naturales y humanos, no le des la espalda. No te vayas por la salida fácil. Si quieres al país, lucha por él. Hoy ya no nos ponemos la camiseta amarilla, verde o fucsia. Hoy es momento de ponerse la camiseta roja y blanca, porque no se trata de mí ni de ti ni de los candidatos. Se trata de todo el país.

*Algo que leí en facebook

5.4.11

Reflexión pre elecciones

Hoy me puse a pensar cómo serían los gobiernos de nuestros hermosos candidatos si resultaran elegidos, pero los pensé a modo de película. Cómo sería la película de cada candidato. Están todas en cartelera y hay que escoger una. Esto es lo que imaginé:
La película de PPK sería un chic flick (¿así se escribe?). Mucho rosado, mucho ppkuy, mucho pppinky.
La de Castañeda trataría de ser algo artístico pero sería un bodrio, gastaría mucho presupuesto innecesariamente. Me imagino que sería una película muda y de una sola toma sumamente aburrida.
La película de Toledo sería una tipo The Hang Over, o Dude, where's my car?: una comedia de borrachos. No se diga más.
La de Humala sería como un remake hollywoodense de una película europea antigua. Ya sabemos cómo los remakes de Hollywood son cualquier cosa menos buenos, así que no seguiré comentando.
Keiko protagonizaría una mala secuela de una película de terror. Yo la llamaría "Fujimori II: la revancha de los Fujimori" o algo así. Da miedo por partes, pero es pésima. Sería de esas películas que, cuando terminan, dices: "pucha, hubiera escogido la otra película. ERROR".
A Reymer y Pinazo los pongo juntos. Ellos serían la típica película peruana de bajo presupuesto, que tiene todas las intenciones de ser un películón, pero sale mal y no tiene nada de éxito en taquilla.
Y creo que los otros tres serían una película gore japonesa, tipo Ichi the killer.

Eso es todo lo que puedo decir sobre las elecciones.