27.2.11

Fábula sin moraleja

Cuando yo era chica, lo único que leía eran fábulas. Supongo que en esa época no había mucha bibliografía para infantes y nos nutríamos de cuentos tradicionales. Mis primeros cuentos, entonces, fueron fábulas. Me acuerdo de mi cuento "El ganso y el pato", que tenía corte ecologista, como si desde chica hubiera sabido lo que se venía (jiji). A veces me gusta improvisar. Agarro papel o computadora, y solo escribo. Lo hago más en mi otro blog, También Tarcila, pero suelo hacerlo también en este, solo que en papel. La cuestión es que el otro día hice una pequeña impro en mi cuaderno, y salió un cuentito sobre un pato. Al comienzo está basado en la canción Un pato, de Natalia Lafourcade, y en Sapo cancionero, una canción del folclore argentino que mi papá siempre cantaba cuando yo era chica, pero después ya cobra vida propia y se va por su camino. No es la mejor fábula, pero igual quise ponerla acá. Como la mayoría de mis cuentos, iba a tener un final trágico, pero al final solo es un final medio triste. No sé si tenga moraleja, creo que no. O tal vez la moraleja se saca de lo que no sucede. Acá va:

Un pato que quería cantar se encontró con un sapo que era tenor. Entonces, el pato le preguntó al sapo quién era, y él le contestó que era un sapo cancionero y que era muy feo. El pato le dijo:
-Feo-feo no eres. Además, cantas muy bien y eso te da una ventaja sobre mí, que soy bonito pero no sé cantar.
El sapo lo miró extrañado y le dijo:
-¿De qué me sirve cantar si nadie me quiere ver porque se asustan?
- Tengo una idea. -dijo el pato -Tú cantarás escondido y yo moveré el pico como si fuera yo quien cantara.
Así, sapo y pato echaron a andar buscando un lugar apropiado para realizar su concierto. Finalmente, encontraron un hermoso estanque. El sapo se escondió detrás de una piedra y empezó a cantar. Inmediatamente, empezaron a juntarse ahí decenas de animales para conocer la fuente de tan hermosos sonidos y vieron al pato moviendo las alas y el pico, como un gran cantante. Al ver a tan bella ave cantando aún más bellas melodías, los animales aplaudieron vigorosamente, pidiendo más. Detrás de la piedra, el sapo se estremecía de alegría por escuchar tamaña ovación. Alentado por los aplausos, decidió salir a cantar y mostrarse a su público. Cuando lo hizo, el público se asustó con su fealdad.
-¡Aj! ¡Un sapo horrendo!!! -gritaron. Y huyeron.
El sapo, decepcionado, regresó a su piedra y nunca más cantó.