No estoy a favor ni en contra de la minería. Creo que estar en contra de la minería en serio tendría que suponer dejar casi todas las cosas a las que estamos acostumbrados porque, de alguna u otra manera, implican a la minería en su cadena productiva. Si estás realmente en contra de la minería, probablemente vas a tener que irte a vivir lejos, tal vez con alguna comunidad indígena no contactada, y no vivir de la minería en absoluto. Y no hablo solo de la parte directa y netamente económica (no me voy a meter en eso, no cabe duda que, hablando en términos económicos la minería aporta brutalmente a la caja) sino en general: la minería tiene o tuvo que ver con todo o casi todo lo que tenemos.
Yo no estoy a favor ni en contra de la minería, pero estoy total y absolutamente en contra de la violencia, de la prepotencia, del "qué me importa". Estoy en contra del que cree que tiene toda la libertad para hacer algo y que nadie debe o nadie debería oponerse. Estoy en contra del que piensa que sus acciones no tienen ninguna repercusión en su entorno ni hoy, ni mañana ni de acá a cien años. Y estoy en contra de que se tenga que llegar a la violencia para probar un punto o para ser escuchado.
Pero sobre todo estoy en contra de que alguien pueda siquiera pensar que sabe lo que el otro quiere y necesita. Me opongo totalmente a que venga un "grande" y diga que puede reemplazar dos lagunas (por chicas que sean) por no sé cuántos reservorios de no sé cuánta capacidad. No soy la gran ecóloga, geóloga, minera ni nada por el estilo, pero asumo que la flora y fauna que supone una laguna no puede ser reemplazada ni con mil reservorios infinitos. Digo, no más.
Me opongo a la minería en esos términos. A la formal que amedrenta y a la informal que contamina miles de veces más en su extracción diaria (no en "accidentes"). Pero también me opongo a la persona que bota su basura a la calle, o a la que quema su basura. Me opongo también al idiota que no arregla su carro, que hace meses está botando humo negro por el tubo de escape. Me opongo a la gente que usa bolsas plásticas, que se compra botellas de agua en vez de reusar las que ya tiene, que vive en un consumismo ridículo e irracional sin pensar en su impacto.
Alguna vez escuché que un niño estadounidense a los dos o tres años de vida ya contaminó lo mismo que una persona de algún país pobre de África. Parafraseo y tal vez exagero, pero decía los pañales que usa un niño de un país desarrollado ya significan una cantidad gigante de basura, y eso es en un año de vida, un niño pequeño que todavía no compra, usa y bota.
Al final, todos somos una mierda. Todos la estamos cagando. Si queremos estar en contra de la minería, perfecto, estemos, pero seamos coherentes. Si nos llena de cólera que una empresa grande y tal vez con más poder que el mismo Presidente haga lo que le da la gana con nuestro país (ecológica y socialmente hablando), no caigamos en lo mismo: respetemos también, respetemos a nuestra tierra, que ya bastante golpeadita está.
Y tú, amigo, amiga que no crees en Dios pero le pides a Papá Noel que este año encuentren yacimientos mineros en Miraflores, San Isidro y demás distritos "pitucoides" de Lima, ponte una mano al pecho y dime: ¿cuántas veces en tu vida has jugado carnavales?
No soy una experta. Yo solo digo.
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