Estoy medio monotemática con la infancia, pero se me vienen muchos recuerdos.
Me acuerdo cuando mi papá dibujaba: pasaba el lápiz por el aire, encima de donde iba a dibujar antes de hacerlo. Yo lo miraba y sonreía.
Mi papá siempre fue viejo. Yo lo conocí con bigote y canas, gordo gordito. Tenía unos ojos azules chiquititos (los sigue teniendo). En verano, cuando llegaba de trabajar (o de la calle, la verdad es que nunca supe dónde andaba), calladito se metía a la piscina (esas armables-cuadradas-de plástico-de medio metro de profundidad) con su libro. Se sentaba en una esquina y se ponía a leer. Mariana y yo, que moríamos por él, corríamos a ponernos nuestra ropa de baño y le fregábamos el relajo. A jugar. Qué le quedaba.
De mi papá me acuerdo por su guitarra y sus libros. Siempre tenía un libro en la mano. Y me acuerdo de él también porque lo sabía todo. Si tenía una pregunta, él la podía contestar. Supongo que por todo lo que ha leído.
Cuando era chica, yo pensaba dos cosas de mi papá. Una, que era aviador y otra, que era nieto o bisnieto o pariente de Miguel Grau. Es que, cuando escuchaba un avión, lo reconocía por su motor. Sabía si era de pasajeros, de guerra, de prueba, una avioneta... y te decía el modelo. Si estaba inspirado, hasta se inventaba a dónde estaba yendo. Y lo del Caballero de los Mares lo creía porque siempre hablaba de él: parecía saberlo todo sobre su vida y su muerte. Una vez incluso nos llevó a su tumba (o lo soñé, no sé) y yo ahí sí que dije "Ah, no. De que somos parientes, somos parientes". Por no mencionar nuestra relación con el Marqués de Torre Tagle, abuelo o tío de mi bisabuelo (¿?) no-sé-quién Aréstegui y Torre Tagle.
Mi papá sabía de estrellas, de historia, de ciencias, de arte, de religión. Y de promesas sin cumplir. Con él íbamos a ir al planetario del Morro Solar, con él íbamos a armar una cometa, él nos iba a comprar un telescopio para ver el universo. Y lo sigo esperando. Mi papá siempre fue un soñador. Creo que son sus sueños precisamente los que lo mantienen vivo. Hoy tiene 76 años y "me duelen todos los huesos" dice. Pero ahí está, sigue soñando, sigue viviendo. Es un luchador y es un sobreviviente. Es un poeta, es un inventor de historias.
Y tan es inventor de historias, que nunca supe si eran ficción o realidad las que me contaba. Y así crecí, maravillada con sus cuentos. Cuando vi Big Fish, de Tim Burton, lloré como nunca, porque parecía que Burton se había inspirado en mi papá para el personaje de Ed Bloom.
Sea como sea, la cosa es que yo siempre amé a mi viejo, cuenta-cuentos, soñador, mete-pata como siempre fue. Y lo quiero y sé que de él no solo heredé las manos, sino mucho más. Y, de todo lo que me dejó, traté de borrar lo malo y quedarme solo con lo bueno. Así que, gracias Papá, por enseñarme con tus errores y con tus aciertos.
:)
6 comentarios:
Hermoso, realmente hermoso!!!!!
transmite muchas sensaciones cálidas tu texto, me gustó demasiado.
aunque lo que siento por mi padre es totalmente opuesto, puedo transmitir los sentimientos de tu texto a otro ser muy querido y cercano para mi. muy bueno
No me queda claro si tu papá aun esta, aunque da igual, nunca dejará de estar... me has traído al mio a la consciencia, tremendos estos señores que sudan personalidad y que huelen como un papá debe oler...cuidalo a el o a su recuerdo, un abrazo!
este post está publicado en mi blog como uno de mis favoritos. Me hizo bolsita el corazón.
y yo lloré (y lloro) cada vez que veo la película y leo este post Clau. :')
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