19.12.10

Navidad

Hace varios años (no sé cuántos, solo sé que toda mi vida ha sido así) la Navidad se mudó al Polo Norte. Tan es así, que hay niños que piensan que Jesús y Papá Noel son vecinos. El mundo celebra la "Blanca Navidad" a pesar de que la mitad del planeta es verde y beige y, si ve algo blanco, se trata de las nubes que más que blancas son grises y hacen que el cielo tenga un brillo extraño.
Al poner "Belén" en imágenes de Google, aparecen un montón de chicas con poca o ninguna ropa. Si pones "Navidad", la primera imagen que aparece, es la de Bugs Bunny y sus amigos con gorros rojos y blancos (y la segunda, un muñeco de nieve). José, María y el niño Jesús protagonizan la quinta imagen de la búsqueda. Esa es la Navidad de Google.
Diciembre es un terrible mes para la Tierra y uno excelente para las compañías de electricidad. El que tiene más luces gana. ¿Y qué vemos en todos lados? Renos, muñecos de nieve, copos de nieve, Papá Noel entrando por la chimenea, Papá Noel paseando en su trineo lleno de regalos, Papá Noel saludando a la hinchada, Papá Noel descansando, Papá Noel con su esposa, Papá Noel con el duende, y un largo etcétera. Por ahí una corona de Adviento sin ninguna vela porque obviamente nadie celebra el Adviento y uno que otro nacimiento de luces. No vamos a hablar de la basura que se genera por los papeles de regalo ni del CO2 de los pedos post-cena navideña.
Navidad ha dejado de ser una fiesta católica. O, viéndolo positivamente, es la única fiesta católica que une a creyentes y ateos para celebrar. Tal vez cada uno tenga motivos diferentes para hacerlo, la cosa es que al final, ahí están. Para unos es la casa mejor decorada, reventar mama-ratas a las doce, recibir regalos en efectivo y comer lo que no comen durante todo el año. Para otros, es el nacimiento más representativo, Misa de Gallo el 24, pasar un día en familia y entregarse y recordar a la gente que quieren.

Navidad.

12.12.10

Observación

Una actriz (digamos, porno) gana plata por enseñar las tetas (entre otros) en un video.
Un malabarista puede ganar plata haciendo malabares para un video.

El mismo malabarista se para en una esquina, hace malabares y le dan plata.
La misma actriz se para en una esquina, enseña las tetas y se la lleva el policía por atentar contra la moral.

Claro, también puede ganar la plata, pero no estrictamente por enseñar las tetas.

3.12.10

El progreso

Yo tengo 25 años. Nací sin computadoras y sin celulares cerca. En los recreos jugaba a policías y ladrones, a las chapadas, a pega-inmóvil, a las escondidas y jaxes. Tenía puras amigas mujeres y un cassette de Menudo. Era feliz con mi uniforme plomo rata y mis Barbies heredadas.
Cada cierto tiempo en el colegio se aparecía una chica con diez sobres para repartir. Si te tocaba un sobre, ya sabías lo que tenías que hacer: reescribir la carta que estaba dentro y mandársela a diez personas más. Las cadenas de esa época siempre trataban de que cientos de años atrás, un monje había escrito una carta y desde ese momento, la gente que la enviaba tenía toda una vida de mala suerte. "¡NO ROMPAS ESTA CADENA!", te decían. "Si la rompes, tendrás siete años de mala suerte".
Una, inocentona y miedosa como era, agarraba la máquina de escribir del abuelo y hacía sus diez copias de la cadena milenaria. Otras simplemente le sacaban fotocopia. Y ahí estaba una, repartiendo los diez sobrecitos que el monje (que no solo estaba muerto y enterrado sino en proceso de convertirse en petróleo) había mandado a repartir. A partir de ahí, todo era buena suerte, salud, dinero, amor, felicidad y todo lo que uno se podía imaginar.
¿Quién era la valiente (o inmensamente estúpida) que rompía la cadena? Nadie sabía, porque pronto, los diez sobrecitos dejaban de circular por el colegio hasta el año siguiente.

Años después llegaron las mascotas virutales, internet, los celulares y una empezó a necesitar de más para ser feliz.

El correo electrónico reemplazó de manera prepotente y a lo "bully" a las cartas escritas. El pobre monje ni se imaginará que ahora ya nadie agarra la máquina de escribir del abuelo, y dobla pacientemente sus cartitas para mandarle buena (o pésima) suerte a sus amigas. Ahora ya solo ponemos reenviar, y el ciberespacio se encarga de mandar la ventura a tu compañero de carpeta, o a ese que no ves hace tiempo porque se tuvo que ir del país.

Pobre monje, cómo le mataron el romance.