18.4.10

Carta a los bailarines de ballet

Queridísimos bailarines de ballet:
Muy bonito el ballet, muy delicado, muy trabajoso, producto de una disciplina rigurosa. Muy lindo todo, la música en CD, la escenografía tan sencilla y los vestidos de gasa. Lindas las chicas con sus moños, los niños que recién aprenden y el primer escenario del Perú. Todo muy hermoso.
Pero, yo tengo una pequeña observación que viene de la mano con un favor que quiero pedirles. Las mallas. Las mallas en los hombres no son nada agradable. Sé que tienen su sujetador, pero igual. Es como tener al Ken calato todo el tiempo. Se les ve algo y no es bonito como lo demás. Suficiente con que brinquen como gacelitas y tengan cara de circunstancia todo el tiempo, no les queremos ver el paquete. Además, ¡qué vergüenza! El ruso es, definitivamente mejor dotado que los peruanos. No nos haga quedar mal, pues, bailarín ruso. Está bien que Ud. sea el protagonista y que tenga que lucir más importante, pero no nos interesa conocerlo tan íntimamente aun.
Además de la parte de adelante, podemos ver perfectamente como se perfila su parte de atrás. Normalmente solo ves la silueta, pero, si te toca el ruso, podrás ver un poco más adentro, porque al parecer, los rusos están hambrientos y se les mete la mallita por cualquier abertura que encuentre.
Señores bailarines de ballet, por favor: tápense. Tal vez puedan imponer la moda del tutú para hombres, o un poco más de ropa al menos. Pero su anatomía distrae. Y si quieren que estemos bien conectados con su baile, consigan un poco más de tela.
Muchas gracias.

10.4.10

Edificios

Los edificios por construir, además de poner una foto del futuro edificio, deberían poner una de la casa que destruyeron. Así, cuando pasas por ahí y ves la demolición, te puedes acordar de qué había ahí antes, y tu pena se vuelve más real.

7.4.10

Salsa

Vas al concierto, feliz. Te pones a bailar, qué bien bailas, qué bien.
Después, pueden pasar tres cosas:
1. Te das cuenta de que estás bailando igual que unas cincuenta personas que están cerca. Igualitos todos. Estúpida.
2. Te das cuenta de que no estás bailando igual que nadie, porque simplemente no sabes bailar salsa. Eres tieza, tus pies se mueven a un ritmo diferente que el timbal, tus manos no están haciendo nada, y tu cadera hace lo que le da la gana. Estúpida.
3. No bailaste nunca. Metes las manos en los bolsillos y te paras un poco más atrás. No bailo salsa, pero el Dragón es chévere. Estúpido. (Suele suceder con los hombres).