3.12.10

El progreso

Yo tengo 25 años. Nací sin computadoras y sin celulares cerca. En los recreos jugaba a policías y ladrones, a las chapadas, a pega-inmóvil, a las escondidas y jaxes. Tenía puras amigas mujeres y un cassette de Menudo. Era feliz con mi uniforme plomo rata y mis Barbies heredadas.
Cada cierto tiempo en el colegio se aparecía una chica con diez sobres para repartir. Si te tocaba un sobre, ya sabías lo que tenías que hacer: reescribir la carta que estaba dentro y mandársela a diez personas más. Las cadenas de esa época siempre trataban de que cientos de años atrás, un monje había escrito una carta y desde ese momento, la gente que la enviaba tenía toda una vida de mala suerte. "¡NO ROMPAS ESTA CADENA!", te decían. "Si la rompes, tendrás siete años de mala suerte".
Una, inocentona y miedosa como era, agarraba la máquina de escribir del abuelo y hacía sus diez copias de la cadena milenaria. Otras simplemente le sacaban fotocopia. Y ahí estaba una, repartiendo los diez sobrecitos que el monje (que no solo estaba muerto y enterrado sino en proceso de convertirse en petróleo) había mandado a repartir. A partir de ahí, todo era buena suerte, salud, dinero, amor, felicidad y todo lo que uno se podía imaginar.
¿Quién era la valiente (o inmensamente estúpida) que rompía la cadena? Nadie sabía, porque pronto, los diez sobrecitos dejaban de circular por el colegio hasta el año siguiente.

Años después llegaron las mascotas virutales, internet, los celulares y una empezó a necesitar de más para ser feliz.

El correo electrónico reemplazó de manera prepotente y a lo "bully" a las cartas escritas. El pobre monje ni se imaginará que ahora ya nadie agarra la máquina de escribir del abuelo, y dobla pacientemente sus cartitas para mandarle buena (o pésima) suerte a sus amigas. Ahora ya solo ponemos reenviar, y el ciberespacio se encarga de mandar la ventura a tu compañero de carpeta, o a ese que no ves hace tiempo porque se tuvo que ir del país.

Pobre monje, cómo le mataron el romance.

1 comentario:

Mu.- dijo...

yo recuerdo esas cartas. esa y la de la virgen que asustaba.