Cuando somos chicos, metemos la cara en el poto de nuestra mamá y somos felices.
Comemos tierra y chicles masticados que recogemos de la calle y los disfrutamos como si fueran grandes manjares.
Cuando somos chicos, un par de lapiceros son suficientes para hacer toda una historia con ellos como protagonistas.
No nos fijamos en si el otro está mal vestido o si sus zapatos son de la temporada pasada, no nos importa si nuestros zapatos son de la temporada pasada.
Cuando somos chicos chiquitos, no nos atormenta la culpa.
Cuando somos chicos chiquitos, no nos importa si tenemos piojos, si se nos ve el calzón o si se nos chorrean los mocos.
Cuando somos chiquititos, nos hacemos la pila y la caca mientras caminamos, que alguien más la limpie.
Somos tan simples, tan básicos, que somos felices. No nos importa nada. No nos damos cuenta de lo superficial y sonreímos con una sonrisa, con un sonido, con una flor, no importa si está marchita.
Cuando somos chicos, tenemos miles de héroes y no nos importa si alguna vez metieron la pata.
Cuando somos chicos podemos volar.
Cuando somos chicos nos atrevemos a más.
Cuando somos chicos tenemos un universo tan propio y único, que se queda ahí, en el "cuando somos chicos" y no lo volvemos a recuperar.
Cuando somos chicos somos nosotros mismos, con todo lo que tenemos.
Cuando somos chicos chiquitos, no necesitamos aparentar.
3 comentarios:
Y el lapicero rojo se enamora del lapicero azul y es genial, tienen borradores y no les importa si el tajador tiene una casa más bonita ni si la cartuchera será suficiente para aguantar la lluvia de julio. Son felices y sonries sin importarte que el resto te crea loco por hacer ruidos extraños con los dientes.
el chicle, la caca, tus hermanas?
yo quiero pensar como chica.
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